'El Chapo' y la fragilidad de las instituciones
La fuga del "Chapo" Guzmán pinta, tal cual, la realidad nacional: fragilidad institucional, creciente poder corruptor de la delincuencia organizada e impotencia social.
El presunto líder del Cártel de Sinaloa soltó, seguramente, mucho dinero para lograr su huída; recurso que fue aceptado por servidores públicos medrosos, corruptos y/o traidores. Funcionarios de distintos niveles que por miedo o ambición, no honraron a los que sí cumplen con el deber, pese a las amenazas, y que honran con sus acciones a los compañeros caídos, víctimas del armamento y la maldad de los capos y de sus sicarios.
Pese, pues, a lo que se diga, el actual gobierno fue evidenciado en su fragilidad, por Guzmán Loera, como cuando éste lo hizo con el de Vicente Fox, en enero de 2001. Fox no pudo con "El Chapo"; Calderón, tampoco; Peña, hasta el momento, está en la misma circunstancia.
Bien se ve que la fuerza civil, por sí misma, es insuficiente. También, que la Inteligencia y Contrainteligencia nacionales, están en desventaja. En síntesis: que el modelo utilizado contra el crimen necesita severos ajustes, basados -fundamentalmente- en la recomposición del tejido social, a partir de la educación, el empleo digno, la paga suficiente, la salud, la cultura y el deporte. En tres palabras: una prevención eficaz.
Tememos, sin embargo, que ante este nuevo fracaso, se aceleren los procesos para legalizar el consumo de drogas, aunque éstas sigan robando a las personas que las consumen, la capacidad de autogobernarse.
En tanto, la sociedad mexicana contempla, impotente, cómo los grandilocuelntes discursos electorales se vienen abajo, otra vez, cuando no han pasado ni dos meses de los comicios de junio, como castillos de naipes.